



Es la pagina que presenta El Arte de Nilo Julián, sus dibujos, sus pinturas, sus fotos y sus poemas y cuentos.









Yo tengo mucha suerte. Si escribiera los nombres de quienes vivían en mi barrio, nadie lo creería, así que sin poder entender, la necesidad de recibir una educación escolar habitual, tuve la mucha suerte de que, a momentos, los poetas, pintores y músicos que me acompañaron desde mi infancia, fueron educándome y mostrándome el arte de expresarme, el arte de vivir con arte, mucha atención por la técnica y el estudio constante y creativo.
El arte no es un adorno, es una herramienta de emancipación y descubrimiento que permite activar el potencial creativo innato desde la infancia. Al invitar a los niños a explorar el color y la línea, les entregamos las llaves para descifrar las infinitas combinaciones de la naturaleza.
Para mí, escribir es pintar con palabras y pintar es escribir con luz y color. En esta encrucijada constante donde confluyen la poesía, el dibujo, la fotografía, el diseño gráfico y la performance, la figura de Vincent van Gogh se erige no solo como un referente, sino como un faro íntimo. Su obra me enseñó …
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El dibujo es el esqueleto sobre el cual descansa toda mi producción artística, la línea pura que define mi intención antes del color. En cada trazo busco la precisión del cirujano y la fluidez del poeta, creando formas que capturan la esencia del movimiento. Es la disciplina que me permite explorar la anatomía y el símbolo con total honestidad.
Mi identidad artística se condensa en el concepto de "The Homo Nganga", una síntesis de la evolución humana y la espiritualidad ancestral. Esta figura representa la fuerza del conocimiento, la conexión con la tierra y la trascendencia del espíritu a través del arte. Es el eje central sobre el cual construyo mi propuesta para el arte cubano contemporáneo.
Impartir talleres de artes plásticas es una de las facetas más gratificantes de mi trayectoria profesional. En estos espacios, comparto no solo técnicas de dibujo y pintura, sino una filosofía de vida basada en la creación constante.
El arte contemporáneo no es solo una imagen, es un diálogo entre lo que vemos y lo que recordamos. En mi proceso creativo, cada pincelada busca rescatar fragmentos de la cubanía que habitan en el subconsciente, transformando lo cotidiano en un símbolo eterno.
El exilio es una fractura que va mucho más allá de un simple cambio de coordenadas geográficas; es, en su esencia más cruda, aprender a convivir con una herida silenciosa que late en el costado de cada día.
El arte como comunicación social Durante mucho tiempo el mundo del arte ha intentado presentar al artista como una figura distante, casi mística. Yo no creo en esa idea. El poeta y el público. Fotos de Alina Guzmán Tamayo 2023. El artista es un ser humano que vive dentro de la sociedad. Come, trabaja, sufre, …
Desde la ciencia neurológica sabemos que ver no es simplemente abrir los ojos. El cerebro interpreta, organiza y reconstruye la realidad a partir de millones de señales que llegan desde la retina. La corteza visual procesa bordes, movimiento, profundidad y color, y luego integra esa información con la memoria y la experiencia previa.
Ser artista es aprender a mirar de nuevo el mundo. No como lo miran los hábitos, sino como lo mira la curiosidad.
El espacio donde vive y trabaja un artista nunca es neutral. El estudio, la casa, el barrio, las calles cercanas… todo influye en el proceso creativo.
¿Es el alma que quiere compartir su luz con el mundo, o es el ego que busca confirmación? Esa pregunta no es superficial; es profundamente humana. Todo creador que expone su obra al público atraviesa ese diálogo interior.
Pintar en público ha sido para mí una experiencia profundamente humana. Cuando el artista sale del estudio y se instala en la calle, el proceso creativo se vuelve visible.
El fenómeno de Omni Zona Franca en Alamar no fue solo un estallido de espontaneidad, sino un laboratorio de resistencia material. Al observar aquellos sucesos con la lente limpia de la distancia, se revela una estructura intelectual fascinante. El grupo operaba bajo una premisa casi científica: la transmutación de la carencia en alta tecnología espiritual.
En estas tres pinturas aparece una estructura formal muy consistente. El eje vertical domina la composición y organiza el espacio pictórico como si cada obra fuera una arquitectura interior. La figura central —una silueta humana abierta o atravesada— funciona como columna vertebral visual.
En mi proceso creativo la práctica espiritual no es algo separado del arte. Es el mismo camino. Cada dibujo, cada performance, cada intervención en el espacio público nace de una pregunta humana profunda: ¿quién soy?, ¿qué significa estar vivo?, ¿qué energía atraviesa nuestra existencia cotidiana? Crear es mi manera de dialogar con esas preguntas.
Pintar en público tiene algo de rito antiguo. El artista sale del refugio del estudio y coloca su mesa, sus pinceles y sus colores frente al flujo imprevisible de la ciudad.
Insiste todo el tiempo hasta que sea un hábito lleno de voluntad e inteligencia. Usar la inteligencia es un hábito. Detenerte y pensar y buscar soluciones enfocado en un punto del mapa general de la realidad, puede ser un hábito y debes intentar que lo sea.
Por eso nunca dejé de hacerlo. Aunque hubiera miedo. Aunque hubiera presión. Porque cuando una comunidad empieza a crear junta, empieza también a reconocerse a sí misma.
Lo más interesante de escribir un post y publicarlo es que se, con total seguridad, que millones de otros seres humanos en este mundo se hacen las mismas preguntas que yo y están buscando respuestas, las suyas, las respuestas que sean, algunas al menos, en todos los rincones del alma y el mundo.
De todos los secretos que el ser humano ha intentado descifrar, el más oculto no está en las estrellas ni bajo la tierra: está dentro de nosotros. Es la voluntad. Ese músculo invisible que no se ve en el cuerpo pero sostiene cada decisión. El poder de la voluntad humana es silencioso, profundo, casi místico, porque cuando despierta transforma la realidad sin hacer ruido.
The Homo Nganga en el proceso creativo contemporáneo —donde el artista no solo produce obra, sino que investiga, documenta, publica y se posiciona— la voluntad se convierte en disciplina consciente. No es un arrebato romántico; es una práctica diaria.
Hemos llegado hasta aquí a fuerza de voluntad. No por azar, no por suerte: por empuje interior. Miro las experiencias que he vivido; las miro sin nostalgia ni rabia, las veo aquí y ahora, como se mira una cicatriz que ya no duele pero enseña. Y es lógico que me pregunte: ¿por qué nadie me lo dijo antes? ¿Por qué no me hablaron de la voluntad y de su relación íntima con la energía de la fe, esa fe que no es consigna sino combustible? ¿Por qué nunca los cubanos hablan del ego como energía, como fuerza que pesa, que empuja, que enferma o impulsa? Quizás ni siquiera sepan —porque nunca se los enseñaron— que el ego no es solo una idea: tiene cuerpo, tiene un lugar físico donde se tensa, donde se defiende, donde se atrinchera. Y entender eso cambia la vida, porque ya no luchas a ciegas: sabes desde dónde duele y desde dónde sanar.
Si puedes hacerte un selfie, significa que estás bien, que tienes la posibilidad de capturar un instante de tu existencia y reafirmar tu presencia en el mundo. Pero si esa selfie va más allá, si cuenta una historia que resuena con tu verdad y además transmite un mensaje profundo que toca el alma de quien la ve, entonces estás mejor.
Pienso, por ejemplo, que en algún momento se producirá un boom del mercado del arte vinculado a Cuba. La razón es sencilla: durante los últimos treinta años se han graduado miles de artistas de las academias de artes plásticas que permanecen prácticamente prisioneros de la inexistencia de un mercado interno real.
Cuando la presión se vuelve hábito y no conciencia, dejamos de responder con inteligencia. El cuerpo sigue funcionando, pero la sensibilidad se apaga; la mente sobrevive, pero ya no elige. La adaptación sin lucidez produce obediencia fisiológica y espiritual. No duele porque ya no se siente. Y lo que no se siente no se cuestiona. Ahí comienza el verdadero desgaste: vivir comprimido creyendo que es normal.