Hemos llegado hasta aquí a fuerza de voluntad. No por azar, no por suerte: por empuje interior. Miro las experiencias que he vivido; las miro sin nostalgia ni rabia, las veo aquí y ahora, como se mira una cicatriz que ya no duele pero enseña. Y es lógico que me pregunte: ¿por qué nadie me lo dijo antes? ¿Por qué no me hablaron de la voluntad y de su relación íntima con la energía de la fe, esa fe que no es consigna sino combustible? ¿Por qué nunca los cubanos hablan del ego como energía, como fuerza que pesa, que empuja, que enferma o impulsa? Quizás ni siquiera sepan —porque nunca se los enseñaron— que el ego no es solo una idea: tiene cuerpo, tiene un lugar físico donde se tensa, donde se defiende, donde se atrinchera. Y entender eso cambia la vida, porque ya no luchas a ciegas: sabes desde dónde duele y desde dónde sanar.
La lógica de ser un ignorante.
Cuando descubres que ignoras el funcionamiento correcto de una maquinaria, que debes usar, cuando comprendes lo que ignoras, no debes detenerte nunca mas. Ese momento de comprensión debería ser en nosotros un motor luminico, luminoso, que como un rayo de fotones iluminara nuestra ignorancia y nos llevará a un lugar de nuestra voluntad desde el cual poder asumir nuevos retos del aprender, el saber y el entender este universo.

