Crónica de una Libertad Secuestrada: Nacer en 1967

Mi nombre es Nilo Julián González Preval. Nací en La Habana, Cuba, en 1967, bajo el peso de una dictadura que ya para entonces había decidido que mi destino no me pertenecía. 

Si naces en una dictadura, naces esclavo; naces con una deuda de obediencia que nunca pediste contraer. Sin embargo, mis acciones en Cuba siempre han hablado más alto que mis palabras. Todos los eventos que organicé en mi casa, desafiando el miedo, y la colaboración con otros grupos y organizaciones sociales y políticas en medio del acoso, son la prueba de que, aunque nací prisionero, nunca acepté las cadenas del pensamiento.

Yo y todos mis amigos nacimos esclavos en una isla que se convirtió en nuestra prisión. Las condiciones que definieron el año de nuestro nacimiento y las décadas siguientes fueron brutales. Vivimos bajo la negación sistemática de la libertad individual, donde el pensamiento vigilado se convirtió en un hábito de supervivencia. Decir, crear o disentir exigía un coraje sobrehumano, pues la libertad dejó de ser un derecho natural para transformarse en una sospecha permanente ante los ojos del Estado. Incluso el derecho humano de viajar, de conocer el mundo, nos fue negado, encerrándonos en un aislamiento geográfico y mental.

Soportamos la centralización absoluta del poder, donde todo nacía y moría en el mismo centro ideológico. Las decisiones jamás escucharon el clamor de la calle ni el abandono del campo; el país entero fue obligado a respirar con un solo pulmón institucional, agotándose y fatigándose ante la falta de oxígeno democrático. Esta asfixia se tradujo en una economía de la escasez crónica que fue mucho más allá de la falta de bienes materiales. Fue un desgaste sistemático del alma. Organizar la vida cotidiana alrededor de conseguir lo básico anuló nuestro tiempo, nuestra energía y nuestros sueños más legítimos.

Crecimos bajo la cultura del miedo y la autocensura, donde el silencio se aprendía temprano, casi antes que el habla. No hacía falta que nadie gritara para que sintiéramos el límite de lo permitido; el miedo nos educó en la sombra, moldeando nuestras palabras y nuestros gestos. Mientras tanto, el discurso oficial pregonaba una igualdad que solo existía en la pobreza, mientras se profundizaba la desigualdad en los privilegios de una casta dirigente. La ética nacional se fracturó al ver que el sacrificio exigido al pueblo nunca fue compartido por quienes ostentaban el control absoluto.

Esta realidad provocó la erosión del futuro. Cuando el mañana dejó de ofrecer un horizonte, la juventud —nosotros— comenzó a migrar, ya fuera física o interiormente. El país comenzó a vaciarse de posibilidades mucho antes de vaciarse de personas. Todo esto no es una abstracción ideológica, es la experiencia que vivimos en carne propia: en la mesa, el hambre; en la escuela, el adoctrinamiento; en el cuerpo, la falta de libertad; y en el arte, la censura total. Ser negro y cubano fue, y sigue siendo, una doble cadena que intentó doblegarnos por partida doble.

Hoy, cuando estoy con mis amigos y los miro a los ojos, me invade un asombro profundo. Pienso en todo lo que aguantamos, en lo que sufrimos y en la resistencia infinita que tuvimos que ejercer para no perder la cordura ni la dignidad. Me asombra que lográramos sobrevivir a ese sistema esclavista y que hoy, desde la libertad de este 2026, podamos finalmente decir la verdad y solo la verdad, en honor y por respeto a los amigos que de un modo u otro, no lograron sobre vivir.

Horizonte2026.

Fotografías del pintor cubano Nilo Julián González Preval  

Fotografías de la Fotógrafa cubana Alina Guzmán Tamayo

Pinturas, Dibujos, Performances, Fotografías 

Taller de Artes Plásticas y Creación Audio Visual

Lecturas, Eventos, Fotografía Digital Manipulada 

Acetato Producciones – Casa Templo del Arte Cubano

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