Cuando alguien te ama…..

Cuando alguien te ama debes de sentir de manera instintiva y de algún modo encontrar la manera de saber, consciente, que quien te ama, tambien te esta prestando atencion, tambien te esta respetando, también está queriendo estar junto a ti.

Selfie con Haré. Fotografía Digital Manipulada. Una foto del pintor cubano Nilo Julian González Preval., 2017.

Desde que Alina Guzmán Tamayo llegó a mi vida, llego con los perros y eso fue un problema que hoy siento que de algún modo, el amor me ha ayudado a resolver. No ha sido fácil…estoy pintando, lleno de emoción y alejado de la realidad y el perro muy alegre se para encima del lienzo húmedo y…ustedes saben lo que eso significa. los audífonos mordidos, los pares de medias incompletos, cuando trato de meditar y ella o el se emociona por la paz y la tranquilidad y ladra y ladra…

Haré primera mascota de la casa. Una foto de Alina Guzmán Tamayo 2017

En mis recuerdos, Haré siempre llega de noche, como una pequeña estrella cansada que encontraba finalmente su cielo en la casa. Aquel día regresó herido, pero aun así traía en sus ojos la misma dignidad silenciosa que lo hacía tan especial. Fue una mascota profundamente querida, un ser lleno de misterio, de esos que parecen caminar entre dos mundos: el de los animales y el de los espíritus nobles que nos visitan para enseñarnos algo sobre el amor.

Haré primera mascota de la casa. Una foto de Alina Guzmán Tamayo 2017

Haré era solitario, delicado en la elección de sus afectos, casi un sabio que sabía que el cariño verdadero no se entrega a cualquiera. Cuando elegía acercarse, cuando aceptaba una caricia, ese instante tenía el valor de un regalo inmenso, como si el tiempo se detuviera para agradecer su confianza. Por eso su presencia llenaba la casa de una alegría tranquila, de esas que no hacen ruido pero sostienen el corazón.

Haré primera mascota de la casa. Una foto de Alina Guzmán Tamayo 2017

Su partida fue misteriosa y dolorosa, una herida que todavía respira en la memoria de todos. Sin embargo, el amor que dejó sigue caminando entre nosotros: en los rincones donde solía descansar, en los silencios de la noche, en la ternura con que pronunciamos su nombre. Se le extraña mucho, muchísimo… pero también se le recuerda con una sonrisa, porque haber compartido la vida con Haré fue un privilegio luminoso que nadie podrá borrar.

Retratos con Haré primera mascota de la casa. Fotosde Alina Guzmán Tamayo y Nilo Julián González Preval 2017

Hera. Una de las mascotas de la casa. Una foto de Alina Guzmán Tamayo 2017

Esta belleza se llama Hera. Es una pomerania de linaje impecable —así lo dicen su pedigrí, los documentos y la larga cadena de cuidados que acompañaron su llegada—, pero lo que realmente la distingue no está en los papeles, sino en la misteriosa inteligencia con la que coopera cada día con nuestra vida familiar, haciéndola más luminosa, más suave, más alegre. Porque cuando alguien te ama, te cuida, te protege, te presta atención y aprende junto a ti —aunque ese alguien tenga cuatro patas y hable en silencios— ese amor merece respeto, gratitud y reciprocidad.

Hera. Vista por la fotógrafa Alina Guzmán Tamayo. Navidad de 2025.

Hera es especial en su manera de relacionarse con el mundo: no corre simplemente cuando la llamas, llega a su tiempo, con la serenidad de quien entiende que cada instante tiene su propio ritmo. Observa, decide, se aproxima; su presencia parece siempre meditada, como si supiera que cada gesto deja una huella invisible en quienes la rodean.

La Fotógrafa cubana Alina Guzmán Tamayo y Hera. Vista por el poeta cubano Nilo Julián González Preval 2025

A veces parece un alma antigua paseando dentro de un cuerpo pequeño y luminoso. Disfruta el aire como si lo escuchara, cada olor que trae el viento es un mensaje que descifra con paciencia; cada sonido, cada hoja que cae, la detiene un instante. Entonces se queda quieta, oteando el horizonte con mirada sabia, como si recordara algo que nosotros hemos olvidado, y en ese silencio breve nos enseña —sin decir palabra— el arte de vivir atentos al milagro de lo cotidiano.

Todo gesto de amor es un gesto sagrado. Todo amor es luz. Es dificil para mi entender Hera, pero se que me amas. Muchas gracias pequeña.

¿Por qué sentimos que los perros nos hablan?

Porque la comunicación no pertenece solo al lenguaje verbal. Los perros manejan con enorme precisión el lenguaje corporal: la dirección de la mirada, la tensión de los músculos, la posición de las orejas, la velocidad de la respiración, el movimiento de la cola, el ritmo con el que se acercan o se alejan. El cerebro humano está diseñado para interpretar señales sociales constantemente, incluso cuando no hay palabras; por eso, cuando convivimos con un perro, nuestro sistema perceptivo comienza a leer esas señales como mensajes claros. No es que “hablen” con palabras, es que su comunicación emocional es tan directa que la sentimos como si fuese una voz silenciosa.

Además, la convivencia crea sincronía biológica. Cuando humanos y perros establecen vínculo, aumentan en ambos la oxitocina —la hormona asociada al apego y la confianza—. Ese fenómeno hace que percibamos sus gestos con mayor sensibilidad y que nuestro cerebro complete los significados, casi como si tradujera sus emociones a pensamientos comprensibles.

¿Por qué sentimos que los perros nos entienden?

Porque, en parte, sí nos entienden. No comprenden el lenguaje humano en toda su complejidad semántica, pero aprenden patrones de sonido, tono emocional, rutinas, expresiones faciales y situaciones. Un perro no “entiende” una frase completa como lo hace un adulto humano, pero entiende la intención emocional que la acompaña. Perciben con gran exactitud la alegría, la tristeza, la tensión o la calma; responden a nuestra energía antes incluso que a nuestras palabras. Por eso muchas veces reaccionan correctamente aunque el mensaje verbal sea confuso: están leyendo el estado interno que transmitimos.

Con las mascotas de la casa abriendo regalos de Navidad. Una foto de Alina Guzmán Tamayo Navidad 2025

Lo que describes —que no quería separarse de ti, que te miraba sin apartar la vista— es un momento profundo de reconocimiento. Los animales que han pasado por abandono o explotación desarrollan una sensibilidad extrema hacia quienes les ofrecen seguridad. En ese instante, Oreo probablemente no estaba “entendiendo” tus palabras, pero sí comprendía algo esencial: que estaba a salvo. Y cuando un ser vivo descubre la seguridad después del miedo, se aferra a la presencia que le dio esa certeza.

Oreo y yo, descubriendo las Navidades. Una foto de Alina Guzmán Tamayo 2025

Comunicarse con él será, como dices, una gran aventura, pero también un proceso muy concreto: repetición de rutinas, voz tranquila, gestos consistentes, contacto respetuoso, paciencia. Poco a poco se irá creando un idioma compartido hecho de miradas, horarios, pequeños sonidos, silencios entendidos. Un día notarás que ya saben exactamente lo que el otro quiere decir, sin haber pronunciado casi nada. Ese es el verdadero lenguaje entre humanos y perros: un pacto de confianza que se aprende viviendo juntos.

Horizonte 2026 «Una luz en el alma»

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