El Secreto espacio habitado.

El artista no vive únicamente en una casa. Habita un territorio más complejo: una constelación de objetos, silencios, papeles manchados, pinceles secos, fotografías olvidadas, cuadernos abiertos y pensamientos que aún no tienen forma. El espacio habitado por un creador es una extensión de su respiración. Allí el tiempo se vuelve flexible. Allí el mundo exterior entra filtrado por la sensibilidad del alma.

El poeta cubano Nilo Julián González Preval en La Casa Templo del Arte Cubano, sede de Acetato Producciones, 2012. Una foto de Alina Guzán Tamayo.

El espacio humano y físico de un poeta rara vez es ordenado en el sentido común de la palabra. Es más bien un pequeño universo en expansión. Libros abiertos como puertas, notas escritas en cualquier esquina, una mesa que parece campo de batalla entre la idea y la materia. En ese desorden aparente vive una arquitectura invisible donde cada objeto recuerda algo, provoca algo o espera convertirse en parte de un poema o de una imagen.

Paredes de La Casa Templo del Arte Cubano, sede de Acetato Producciones. Obras y fotos de múltiples artistas del mundo, 2012.

Con el paso del tiempo ocurre algo curioso: el espacio termina pareciéndose al artista. Las paredes absorben su ritmo de vida. La luz entra por la ventana como si supiera dónde detenerse. El olor de los materiales, del café o del papel envejecido se vuelve parte de la memoria del lugar. Así el espacio deja de ser simplemente un sitio para convertirse en una atmósfera creativa.

Paredes de La Casa Templo del Arte Cubano, sede de Acetato Producciones. Obras y fotos de múltiples artistas del mundo, 2012.

Muchas veces el espacio es resultado de la obra, y al mismo tiempo su origen. Un cuadro terminado cambia la energía del taller. Un dibujo pegado en la pared modifica la conversación interior del artista. La obra transforma el espacio y luego el espacio responde inspirando nuevas obras. Es un ciclo silencioso donde materia e imaginación dialogan sin descanso.

Paredes de La Casa Templo del Arte Cubano, sede de Acetato Producciones. Obras y fotos de múltiples artistas del mundo, 2012.

Por eso el taller del artista termina siendo también una obra en sí misma. No porque esté diseñado como una galería, sino porque cada elemento fue elegido o conservado por necesidad creativa. Una mesa manchada de pintura cuenta la historia de muchas noches de trabajo. Un pincel gastado es una pequeña escultura del tiempo. El taller es el retrato invisible del proceso artístico.

Paredes de La Casa Templo del Arte Cubano, sede de Acetato Producciones. Obras y fotos de múltiples artistas del mundo, 2012.

Pero el verdadero espacio del artista no siempre es físico. Existe otro lugar más profundo donde ocurren los descubrimientos. Ese lugar es la mente cuando se queda en silencio, el corazón cuando recuerda, la intuición cuando aparece de repente. Allí nacen las imágenes antes de existir en el mundo material. Allí el artista sueña, imagina y reconoce algo que todavía no tiene nombre.

Paredes de La Casa Templo del Arte Cubano, sede de Acetato Producciones. Obras y fotos de múltiples artistas del mundo, 2012.

Tal vez por eso el artista camina por el mundo como si llevara su taller dentro del pecho. Una calle, una conversación, una nube sobre el mar de Miami o el sonido de una ciudad pueden abrir una puerta inesperada. El espacio habitado por el artista no termina en las paredes de su estudio: continúa en cada experiencia vivida, en cada mirada atenta, en cada instante donde la realidad se convierte en materia para el arte.

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