
¿Quién es The Homo Nganga?
The Homo Nganga es la razón profunda por la cual vine a este mundo. No es solamente un nombre ni un gesto artístico; es una conciencia que sabe, o al menos presiente, el camino. Es la parte de mí que decidió encarnar en este plano, compartir la vida con mi familia y caminar dentro de esta época y este paisaje humano. Es quien imagina y dibuja un mundo posible, un mundo mejor. Es el escultor silencioso, el que promete y cumple, el que también duda y sufre. Y aun así sigue pintando. Pintando siempre, como si cada trazo fuera una respiración necesaria para sostener el alma.

Hace muchos años acepté ciertas filosofías árabes y orientales que hablan del destino, del karma y de la reencarnación. Estas ideas describen un universo en transformación constante, donde la materia física y la materia espiritual se entrelazan como dos ríos invisibles. Esa visión del mundo me volvió profundamente consciente del proceso creador. Comprendí que la obra no nace por accidente: surge de una relación íntima con las herramientas, con los materiales, con el tiempo interior del artista. El arte dejó de ser un simple acto estético y se convirtió en una forma de comprender el movimiento secreto del universo.





The Homo Nganga también es el resultado de la educación artística y sociocultural que recibí. Esa identidad comenzó a fraguarse cuando me encontré con los otros integrantes de Omni. Allí las ideas se transformaron en obras, en acciones, en gestos compartidos. Más tarde apareció Zona Franca, con otros presupuestos conceptuales, más cercanos a la oralidad y a la escritura poética. Allí el centro era el ser poético y su relación con la sociedad. El arte ya no era solamente forma o materia; también era voz, presencia y pensamiento circulando entre las personas.




En los primeros tiempos Omni era algo muy simple: un grupo de dibujantes y escultores. Dibujábamos, coloreábamos, construíamos objetos y esculturas siguiendo las huellas del arte moderno. Observábamos todo: los móviles de unos, los pasos sobre el césped de otros, las heridas humanas que el arte también revela. Cualquier objeto podía convertirse en una idea. El coyote, el conejo, la miel, un sombrero de fieltro. Todo era materia para el pensamiento creativo. Y además teníamos la osadía de leer nuestros textos frente al público, sosteniendo hojas de papel y hablando por un micrófono. Hoy lo recuerdo y me provoca una sonrisa, como si aquella inocencia fuera también una forma de valentía.




La palabra “The” dentro de mi nombre no es un simple adorno en inglés. Es una referencia al Cristo, a la figura de Jesús que la cultura universal nos ha mostrado durante siglos: su dolor, su cruz, su sacrificio. “The” puede leerse también como “Él”. Él es. Yo soy. Y esa cruz, en mi caso, es el arte. Es la carga y al mismo tiempo la vocación que sostiene mi vida.

“Homo” proviene del latín, lengua de conquistas inmensas. Algunas conquistas fueron espirituales y otras se extendieron sobre la tierra, atravesando fronteras, culturas y naciones. Cuando escribo “Homo” no lo hago como un gesto académico, sino como una declaración de voluntad. Es una afirmación interior: tengo la voluntad, tengo la fuerza para crear mi propio destino dentro de esta vida que me ha sido dada.




Y cuando digo “Nganga”, la frase queda completa. Tengo la voluntad y tengo el poder de transformar mi mundo. Transformar mi vida. Convertirme en una especie de mago que aparece en la vida de quienes se cruzan conmigo en la alameda del destino. Porque el verdadero combate ocurre dentro del alma. He luchado conmigo mismo, alejando el odio, el fuego y el carbón que muchas veces heredamos de nuestra cultura o de una educación espiritual incompleta. Los he dejado a un lado del camino para seguir creciendo con conciencia y con paz.



El diálogo con Homo Nganga no es sencillo: es la conversación con un ser que vino a crear y a transformar. Y voy a confesarte algo con absoluta sinceridad: si pudiera elegir, sería Homo Nganga el resto de mi vida, entregado por completo a la pintura y al dibujo, dedicado a la transformación espiritual del mundo. Si algún día apareciera un marchante, un mecenas o un galerista que garantizara lo mínimo para vivir con dignidad, entregaría mi alma a la pintura como nunca antes. Hoy estoy consciente, hoy estoy listo. Comprendo mi relación con el mercado del arte y con la industria cultural.
Pero encontrar ese encuentro depende de lo que algunos llaman suerte y otros llaman sincronicidad. Y las sincronicidades, como la materia misma del universo, también pueden ser convocadas cuando la intención y el espíritu se concentran con claridad en una sola imagen. Esa imagen, tarde o temprano, encuentra su forma en la realidad.
Nilo Julián The Homo Nganga González Preval – Artista Multidisciplinario Autorretrato en colores. Fotografías Digital Manipulada.
Proyecto Horizonte 2026
«Una luz en el alma»
Fotografías del pintor cubano Nilo Julián González Preval
Fotografías de la Fotógrafa cubana Alina Guzmán Tamayo
Pinturas, Dibujos, Performances, Fotografías
Taller de Artes Plásticas y Creación Audio Visual
Lecturas, Eventos, Fotografía Digital Manipulada
Acetato Producciones – Casa Templo del Arte Cubano
nilojulian@gmail.com 305 469 6653
elartedenilojulian.com
#NiloJulianGonzalezPreval, #IdentidadNegraCuba, #BlackIdentityCuba, #RacismoEstructural, #ArteCubanoIndependiente, #OmniZonaFranca, #VisibilidadNegra, #ProyectoArchivo2026, #LibertadIntelectual, #CoralGables,#DescolonizarElArte,

