Durante años he observado el funcionamiento del mercado internacional de becas, residencias y bienales. No hablo desde el resentimiento, hablo desde la experiencia de un artista que ha vivido dentro y fuera de varias estructuras culturales. Muchas veces ese sistema parece responder a filtros sociales muy específicos: idioma, redes profesionales, universidades, instituciones, capital económico. No siempre es un racismo directo o declarado, pero sí una arquitectura cultural donde algunos llegan con ventaja y otros deben abrirse paso con las manos.

Diseños del poeta cubano Nilo Julián»The Homo Nganga»González Preval
También existe un componente claramente burgués. Muchas convocatorias piden algo que no aparece escrito pero pesa mucho: tiempo para investigar, escribir proyectos complejos, viajar, documentar procesos, producir portafolios impecables. Todo eso requiere recursos. Un artista que trabaja desde la precariedad, desde el barrio o desde la diáspora, muchas veces queda fuera del juego antes de empezar.



Diseños del poeta cubano Nilo Julián»The Homo Nganga»González Preval
El elitismo también forma parte del ecosistema. Curadores, galerías, coleccionistas y directores de instituciones forman redes relativamente cerradas. No siempre es conspiración; es simplemente un circuito de relaciones que se reproduce a sí mismo. Por eso muchos artistas sienten que el sistema internacional del arte funciona como una ciudad amurallada donde no todos reciben la misma llave de entrada.

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Sin embargo, el mundo del arte contemporáneo también está cambiando. En las últimas décadas ha surgido un interés real por las voces del Sur Global, por los artistas migrantes, por las narrativas de exilio, identidad y memoria. El problema es que a veces esas historias son integradas por el sistema sin que cambie realmente la estructura del poder cultural que las absorbe.

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Por eso mi reflexión no se queda en la queja. Un artista consciente debe comprender cómo funciona el sistema y decidir su posición frente a él. Algunos artistas entran en las instituciones y trabajan desde dentro. Otros se mantienen fuera y construyen circuitos paralelos. Otros crean su propio territorio cultural: talleres abiertos, acciones públicas, publicaciones, redes digitales, comunidades vivas alrededor de su obra.
En mi caso, como artista cubano viviendo en Miami, la verdadera pregunta no es si el sistema es elitista o injusto. La verdadera pregunta es cómo convertir esa conciencia crítica en una posición artística fuerte dentro del mapa del arte contemporáneo. Ahí empieza el trabajo real del artista: transformar la experiencia, la memoria y la lucidez en obra, en pensamiento y en presencia pública.
Nilo Julián»The Homo Nganga»González Preval
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