Dentro del exilio político cubano existen todos los extremos. Hay dirigentes con prejuicios raciales, líderes oportunistas, personas honestas, intelectuales rigurosos, activistas valientes, conservadores, liberales, creyentes, ateos, empresarios, trabajadores y ciudadanos que probablemente nunca estarán de acuerdo en muchas cosas. Eso no convierte al exilio en una anomalía. Lo convierte en una sociedad humana, diversa, contradictoria y atravesada por las mismas virtudes y defectos que cualquier otra comunidad.

El problema comienza cuando pretendemos que para enfrentarnos a un sistema autoritario tenemos primero que pensar todos de la misma manera. No necesitamos unanimidad. Necesitamos principios mínimos compartidos. Podemos discutir sobre economía, religión, raza, cultura, partidos políticos, estrategias y sobre el futuro de Cuba. Podemos incluso tener profundas diferencias personales. Una democracia verdadera existe precisamente porque esas diferencias pueden convivir sin que nadie tenga que callar, esconderse o marcharse.

Como exilio deberíamos reconocer nuestras divisiones internas y externas sin miedo y sin maquillarlas. Reconocer el racismo cuando exista. Reconocer el oportunismo. Reconocer los errores históricos, los egos, las rivalidades generacionales y las luchas por protagonismo. Pero también reconocer el trabajo extraordinario realizado durante décadas por periodistas, artistas, escritores, organizaciones, familias, presos políticos, opositores y ciudadanos comunes.

Entonces podremos concentrar nuestras energías en el verdadero objetivo: construir las condiciones para que ningún cubano tenga que abandonar Cuba por pensar diferente.
Una Cuba donde exista libertad creativa.
Libertad económica.
Libertad de expresión y comunicación.
Libertad política.
Libertad educativa.
Libertad religiosa.
Libertad de asociación.
Libertad para criticar al poder.
Libertad para elegirlo.
Y, sobre todo, libertad para sustituirlo pacíficamente cuando la sociedad así lo decida.
Porque el objetivo del exilio político cubano no debería ser fabricar otra unanimidad. Debería ser hacer posible una Cuba donde nadie vuelva a necesitar el exilio para ser libre.
Nilo Julián “The Homo Nganga” González Preval
Puntos Cardinales “Aquí y Ahora en el Arte Cubano”
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