Un extrañar que nunca sésa.

El exilio es una fractura que va mucho más allá de un simple cambio de coordenadas geográficas; es, en su esencia más cruda, aprender a convivir con una herida silenciosa que late en el costado de cada día. Cuando nos enfrentamos al destierro político, económico, cultural y, sobre todo, humano, no solo dejamos atrás una casa, sino que perdemos el paisaje de la infancia que configuró nuestra primera mirada al mundo. Esa desconexión altera el pulso de la identidad, obligándonos a reconstruirnos sobre un terreno que, al principio, se siente ajeno.

Nilo Julián “The Homo Nganga” González Preval trabajando en su comunidad, Zona 5, Alamar, Habana del Este, Cuba 2012.

En esta nueva realidad, la lengua cotidiana de los afectos se vuelve un eco y el ritmo natural de la memoria parece desfasado. Se camina por las calles de Coral Gables o Miami con la firmeza del presente, pero una parte del alma permanece en un estado de escucha perpetua, captando las voces lejanas de lo que alguna vez llamamos hogar. Es un duelo constante entre el cuerpo que habita una tierra generosa y el espíritu que aún intenta descifrar los códigos de la pertenencia en un entorno distinto.

Nilo Julián “The Homo Nganga” González Preval trabajando en su comunidad, Zona 5, Alamar, Habana del Este, Cuba 2012.

Como artista cubano, mi obra se convierte en el puente necesario para procesar este desarraigo y transformarlo en un testimonio de resistencia. El dibujo y la fotografía no son solo herramientas estéticas, sino actos de reafirmación en los que intento rescatar esos fragmentos de memoria que el exilio pretende borrar. Mi creación artística es el espacio donde el paisaje perdido y la nueva luz del sur de Florida convergen para dar voz a una experiencia que es compartida por tantos, pero sentida de manera única en la soledad del taller.

Nilo Julián “The Homo Nganga” González Preval trabajando en su comunidad, Zona 5, Alamar, Habana del Este, Cuba 2012.

Aspiro a que mi carrera sea un referente en el arte cubano contemporáneo precisamente por esta capacidad de transformar el dolor de la distancia en una identidad visual potente y auténtica. No se trata solo de recordar lo que fue, sino de proyectar con dignidad lo que somos ahora: creadores que, a pesar de la herida, logran que su arte trascienda fronteras y silencios. Mi compromiso es con esa verdad, con esa historia que sigo escribiendo cada vez que tomo un pincel o disparo mi cámara en este suelo que hoy me acoge.

Nilo Julián “The Homo Nganga” González Preval

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